martes, 26 de marzo de 2019
martes, 19 de marzo de 2019
domingo, 17 de marzo de 2019
PROFESORES ARMADOS
Circula estos días, en las redes sociales brasileñas, un intenso debate acerca de la matanza ocurrida el miércoles en la Escuela Estatal “Profesor Raúl Brasil”, en la ciudad de Suzano, en la Región Metropolitana de São Paulo. Una buena parte de ese debate se centra en las declaraciones de Sergio Olímpio Gomes, senador del PSL por Sao Paulo desde 2018. Este senador, más conocido como Mayor Olímpio, agente de policía militar considerado uno de los principales hombres del partido de Jair Bolsonaro, afirmó ante los principales medios del país que la tragedia de la escuela “se habría evitado si profesores y funcionarios estuvieran armados”, defendiendo la legalización de las armas con el argumento de que “mientras las armas sean ilegales, sólo los ilegales tendrán armas”. Las declaraciones del Mayor Olimpio dan a entender que los profesores están habitualmente desarmados, lo cual es un presupuesto falso. Pues lo profesores están (y siempre lo han estado) fuertemente armados: de paciencia, de conocimientos y de pensamiento libre.
Empiezo por la primera de estas armas, tal vez la más poderosa de las tres. La paciencia no es sólo una virtud, sino un modo de acción serena, perseverante, tenaz. Es lo que permite llevar unos objetivos hasta su consecución sin necesidad de fuerza ni de heroísmo. Y sin paciencia no hay ciencia, la segunda arma del profesor. Todo conocimiento aprendido y transmitido es recuerdo y genera probabilidad de acción y capacidad de decisión. El conocimiento permite combatir la
ignorancia sobre la que se sustenta toda forma de tiranía. Además, el conocimiento libera el pensamiento. Tener una opinión propia es el primer paso para dejar de ser esclavo. Y como dijo D’Alembert, no hay nada como la libertad de acción y de pensamiento para conseguir
grandes cosas.
Los profesores ya estamos bien armados. Con una pistola en la mano, además de docentes, seríamos revolucionarios.
Autor: Juan Manuel López Muñoz
martes, 12 de marzo de 2019
lunes, 11 de marzo de 2019
jueves, 7 de marzo de 2019
martes, 5 de marzo de 2019
lunes, 4 de marzo de 2019
domingo, 3 de marzo de 2019
martes, 26 de febrero de 2019
martes, 19 de febrero de 2019
miércoles, 13 de febrero de 2019
lunes, 11 de febrero de 2019
sábado, 9 de febrero de 2019
QUIÑONES Y LOLA
QUIÑONES Y FLORES
Llamamos odónimo al nombre de una calle, de una plaza o de cualquier espacio público. Los odónimos tienen fecha de caducidad corta o, en todo caso, mucho más corta que la de los topónimos (los nombres de ciudades u otros lugares de la geografía de un país). Esto es debido a que los odónimos dependen estrechamente de intereses políticos que, como sabemos, son muy inconstantes. Conviene precisar que el cambio de odónimo tiene que ser validado por las instituciones correspondientes y que, en nuestro país, las decisiones institucionales están supeditadas a las providencias del partido político de turno.
Los odónimos funcionan, así pues, como huellas de las intervenciones políticas en territorios públicos. No son simples nombres sino discursos que defienden valores ideológicos, concentrados en pocas palabras, generalmente en el nombre de alguna personalidad local.
En estos días se discute en Jerez sobre la pertinencia de cambiar el nombre del IES Fernando Quiñones por el de IES Lola Flores. Redenominar un espacio público es más complejo que el acto (ya de por sí espinoso) de nombrar, pues la redenominación implica una maniobra de desbautizo y, por tanto, de cancelación de una cierta identidad del lugar.
En el caso mencionado, la opción entre Fernando Quiñones o Lola Flores no conlleva retirar simbólicamente de la historia a uno o a otro personaje ilustre, pues ambos representan temas y tradiciones muy arraigadas en nuestra región, que no son excluyentes entre sí: el vino, la tauromaquia y el flamenco. Aquí se trata, digámoslo abiertamente, de reemplazar el nombre de un hombre payo por el de una mujer gitana. El desbautizo, en este caso, marcaría entonces una ruptura simbólica con el pasado patriarcal blanco de nuestra ciudad.
Un odónimo condensa un discurso, como decía más arriba; un nuevo odónimo debería, siguiendo esta lógica, representar un nuevo discurso. Pero elegir entre nombre de hombre o de mujer, entre nombre de payo o de gitana, en realidad no conllevaría construir un nuevo discurso, sino perpetuar el de la diferencia y la discriminación, sustituyendo alternativamente un polo por su opuesto.
Si las instituciones (los políticos) quisieran demostrar su disposición para hablar de una manera nueva, deberían abandonar para siempre jamás el empleo de la dañina conjunción “o” y sustituirlo por el empleo masivo de la conjunción “y”. ¿Por qué elegir uno u otro nombre para el IES Fernando Quiñones, cuando podemos tener los dos? ¿Por qué no llamarlo IES Quiñones y Flores? Sería un nombre que sonaría disparatado, pero bonito y, sobre todo, se trataría de un odónimo que diría algo por fin realmente nuevo en nuestra ciudad. Quiñones y Flores sería un primer paso para acabar con la vieja dialéctica de dominantes y dominados; sería una apuesta por juntar lo que parece injuntable: los géneros, las etnias, las artes.
JUAN MANUEL LÓPEZ MUÑOZ
miércoles, 6 de febrero de 2019
martes, 5 de febrero de 2019
miércoles, 30 de enero de 2019
domingo, 27 de enero de 2019
miércoles, 23 de enero de 2019
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