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viernes, 23 de marzo de 2018

REMEDIOS PARA PONER BUENA CARA AL MAL TIEMPO





En esta singular parte del mundo, sur de Europa, a veces para los meteorólogos es difícil acertar con la predicción del tiempo, y más si lleva añadido los efectos del cambio climático sobre los seres vivos. Tuvimos un octubre exagerado de calor, nos pronosticaron  un invierno frío pero seco. Sin embargo, aquí nada es lo que parece y llevamos prácticamente mes y medio con cielos grises, lluvias desmedidas y rachas de vientos de película.
El mal tiempo nos afecta a todos y a todas, a pesar de que algunos lo apreciemos menos. Se han realizado investigaciones que así lo demuestran. Por ejemplo, se ha comprobado que a través de la exposición solar se incrementan los niveles de serotonina, un neurotransmisor que influye en nuestro equilibrio anímico, mientras que la ausencia de luz favorece el incremento de melatonina, hormona que sirve para regular el ciclo diario de sueño. De ahí que en las estaciones con menos horas de sol (otoño e invierno) experimentemos mayor somnolencia y cansancio físico.
Y si los cambios bruscos de temperatura ya de por sí pueden producir alteraciones en el sistema nervioso, cuando éstos se mantienen, no hay quien escape a su influencia. Así que cuando las inclemencias meteorológicas se mantienen —escasa luminosidad, cielos grises, lluvias constantes, vientos desapacibles…— es más fácil experimentar estados de tristeza, melancolía, bajadas de energía, etcétera.
Pero estas alteraciones emocionales se aprecian más en gente muy sensible o que se encuentran en situaciones complicadas concretas: personas que están pasando por momentos difíciles y delicados por circunstancias de la vida. Quién no ha escuchado alguna vez a un familiar o conocido frases del tipo: "No soporto más este tiempo", "a mi estos días de nublados me sientan fatal", "no puedo hacer nada con este tiempo"...
Y es que estos tiempos invitan a recogerse, a aislarse aunque no se quiera. Y cuando no podemos mantener nuestras ocupaciones rutinarias, esas que nos hacen sentir bien, esas actividades que nos aportan una dinámica  y un sentido al día a día, todo lo adverso al ánimo se intensifica. Empezamos a aislarnos a alejarnos de todo y eso nos permite entrar en estados más contemplativos donde es fácil encontrarnos mirándonos hacia dentro, conectando así con recuerdos del pasado. Y ocurre que si estos recuerdos son tristes, nos sentiremos mal y con el ánimo por los suelos.Debido  a las inclemencias del tiempo, permanecemos más tiempo en casa y hacemos menos actividades rutinarias que antes. Al estar más tiempo en casa, nos relacionamos menos, salimos menos a la calle y si el mal tiempo perdura y perdura… podemos entrar en un círculo vicioso: “Cuanto más estoy en casa, menos actividades hago, más pienso en el pasado  y más me entristezco, y cuanto más me entristezco, más pienso en el pasado, menos actividades hago y más estoy en casa”. Hay personas que a pesar de todo intentan estar activas y aprovechan para arreglar la casa, limpiarla más a fondo, aunque el limpiar por limpiar, simplemente por estar ocupado, te puede volver a meter de nuevo en ese bucle porque no son actividades estimulantes que llenan tu vida.
Lo ideal sería que, con sol o sin sol,  hicieras lo que realmente te gusta, aquello que produzca en ti placer y agrado. Por ejemplo, si lo que te gusta es ver gente, relacionarte, organiza alguna quedada en tu vivienda o en su caso en la de algún amigo/a. Si te gusta hacer deporte al aire libre, intenta conformarte con los polideportivos o gimnasios, o haz lo que puedas en casa. También puedes realizar actividades que abandonaste por falta de tiempo, como retomar aquel libro que dejaste a medias, tocar la guitarra, escuchar música, pintar, sacar los juegos de mesa, ver series o practicar la relajación
De todas formas no me dirás que nunca te has quedado absorto mirando ese espectáculo de la naturaleza, ver como llueve a través de tu ventana, escuchar el sonido suave y monótono golpeando los cristales o el techo, cuando estás en la cama, puede ser muy relajante y placentero. Intenta encontrar también lo positivo, sobretodo porque en el fondo, sabes que es algo temporal, no durará para siempre y sobrevivirás a pesar de todo. Además, cuando deje de llover y luzca el sol te maravillarán los colores vivos y brillantes, el cielo más azul que nunca, la atmósfera limpia…Arriésgate un poco, no seas cómodo/a y a pesar de todo, sal fuera, ve al cine, al teatro…no temas mojarte un poquito. Imagínate que vives en un país europeo donde lo raro es que no llueva…Holanda por ejemplo. Sin embargo,  los holandeses siguen con sus rutinas placenteras.  Intenta mantener al máximo ese nivel de actividades que te producen satisfacción.
Y ya que sabes tantas cosas, tenlas en cuenta para más adelante. Y por ahora, comienza con un nuevo patrón de conducta y disfruta de esta esperada y deseada primavera. Al mal tiempo, buena cara.
Fco Javier Rodríguez del Valle


https://www.lavozdelsur.es/remedios-para-poner-buena-cara-al-mal-tiempo

sábado, 23 de diciembre de 2017

CUANDO LA HIPOCRESÍA SALVÓ LA NAVIDAD



Mira que si al final el espíritu navideño va a resultar una utopía. Y es que en ciertos momentos y con ciertas personas puede resultar incómodo abrirnos sinceramente, porque todos conocemos a gente que mira a otra parte cuando ve un problema en un tercero, mostramos actitud pasiva ante los derechos que nos otorga nuestro sistema, esos de la vivienda digna para todos.... A ver si todos los que piden en la calle no va a ser para drogarse; o todos los musulmanes no son terroristas; o todos los ocupas no se merecen un castigo… A ver si una bandera en mi balcón me separa más de los demás en vez de unirme… Sí, puede que todo sea una enorme hipocresía del sistema que nuestros medios de comunicación nos inculcan como si de variables extrañas se tratase y no de seres humanos poseedores de virtudes y cualidades extraordinarias. Pero ¿cuáles son los verdaderos valores del espíritu navideño en la actualidad?
Lo dijo Balzac, "las costumbres son la hipocresía de las naciones". Podríamos generalizarlo un poco más, "tanto la sociedad como el hombre que se desarrolla dentro de ella son hipócritas". Con esto no pretendo realizar un discurso negativo o deprimente sobre el tema que nos toca, la Navidad, época en la que todos damos lo mejor de nosotros mismos, cenando juntos y ofreciéndonos regalos… O mejor dicho, aparentando dar lo mejor de nosotros mismos, si es que las circunstancias personales del momento o nuestras percepciones subjetivas nos lo permiten. En estos momentos los valores que atraen a la mayoría de seres humanos (en Navidad y también en el resto del año) suelen tener carácter materialista, frívolo, superficial y ególatra. Características que se pueden interpretar como competentes en esta sociedad que como por arte de magia nos envuelve y modela: quiero el BMW tal, quiero ese bolso equis, quiero ser el primero y me da igual cómo... En cambio, valores como la empatía, la solidaridad, la sensibilidad hacia los demás, a los animales…a nuestro Planeta, se diluyen como el azúcar en un vaso de agua caliente.
Es decir, nos convertimos en hipócritas en el momento que escondemos nuestra razón y sentimientos hacia los demás. Aparentar ser como no somos y para colmo querer convencer o exigir que los demás estén de acuerdo con nuestras convicciones sin respetar la realidad, sin respetar que la otra persona puede manejarse en otro nivel de hipocresía.
No nos engañemos, porque nadie se salva de este sentimiento desagradable, que a nadie gusta experimentar. Ni el más místico, ni el más espiritual, porque como mencionaba R. W. Emerson, "todo hombre es sincero a solas; en cuanto aparece una segunda persona empieza la hipocresía”.
Aunque el antídoto sea aprender a ser asertivo (habilidad social que se puede trabajar y aprender para ser sinceros y directos, expresando lo que realmente se quiere decir, sin herir los sentimientos de los demás… tarea complicada y difícil a pesar de que es honesta), sólo se puede ser de una manera adaptativa y en ciertas ocasiones. Porque ¿quién no saluda a gente que no desea? o ¿quién en la cena de empresa o familia en estas fechas actúa lo más aparentemente cordial, reprimiendo hablar o decir lo que realmente piensa… para no crear un posible conflicto? Decía J. Martí que "la libertad es el derecho que tienen las personas de actuar libremente, pensar y hablar sin hipocresía". Aunque podíamos reconocer, visto lo visto, que pueden existir diferentes niveles de hipocresía: no es lo mismo saludar al vecino que no te apetece que conseguir un objetivo productivo como puede ser un trabajo, donde ser agradable con tu jefe consolida tu estabilidad en la empresa.
Pero seamos sinceros, ¿cuántas navidades nos ha salvado la hipocresía?, ¿es la hipocresía en esta sociedad hipócrita una salvación para vivir con menos trastornos emocionales, a pesar que el sentimiento de hipocresía sea de malestar?
Un año más nos encontramos otra vez delante de esta tradición social en la que nos reuniremos con nuestros compañeros y familiares y donde la asertividad y la hipocresía jugarán un papel difícil de conjugar a la hora de estar más a gustos. Danzaremos de una a otra inconscientemente con la sana intención de que todo se desarrolle los más cordialmente posible según nuestros criterios aprendidos socialmente.
Y es que hay que saber medir ese desagradable nivel porque "en tiempos de hipocresía, cualquier sinceridad parece cinismo" (W. S. Maugham). Pero si una cosa está clara es que volveremos a sobrevivir a la Navidad, porque es tolerable, porque se puede pasar bien, y porque, a pesar de los estruendosos y molestos petardos, puede ser maravillosa.
¡Felices Fiestas... pero de verdad, ¿eh?!!
Francisco Javier Rodríguez del Valle