Vengo triste, Platero... Mira; pasando por la calle de las Flores, ya en la Portada, en el mismo sitio en que el rayo mató a los dos niños gemelos, estaba muerta la yegua blanca del Sordo. Unas chiquillas casi desnudas la rodeaban, silenciosas. Purita, la costurera, que pasaba, me ha dicho que el Sordo llevó esta mañana la yegua al moridero, harto ya de darle de comer. Ya sabes que la pobre era tan vieja como don Julián y tan torpe. No veía, ni oía, y apenas podía andar... A eso del mediodía, la yegua estaba otra vez en el portal de su amo. Él, irritado, cogió un rodrigón y la quería echar a palos. No se iba. Entonces la pinchó con la hoz. Acudió la gente y, entre maldiciones y bromas, la yegua salió, calle arriba, cojeando, tropezándose. Los chiquillos la seguían con piedras y gritos... Al fin, cayó al suelo y allí la remataron. Algún sentimiento compasivo revoló sobre ella:
“¡Dejadla morir en paz!”, como si tú o yo hubiésemos estado allí, Platero; pero fue como una mariposa en el centro de un vendaval.
Todavía, cuando la he visto, las piedras yacían a su lado, fría ya ella como ellas. Tenía un ojo abierto del todo, que, ciego en su vida, ahora que estaba muerta parecía como si mirara.
Su blancura era lo que iba quedando de luz en la calle oscura, sobre la que el cielo del anochecer, muy alto con el frío, se aborregaba todo de levísimas nubecillas de rosa...
Capítulo CVIII
Platero y yo, el compromiso de Juan Ramón Jiménez. Propuesta didactica
Manuel Bernal
Cuaderno de trabajo en torno a una selección
de textos de Platero y yo, para vislumbrar -desde el marco competencial
y el trabajo por proyectos- el perfil de un escritor y de una obra
comprometida con su tiempo, con los más débiles, con los desfavorecidos,
con los niños y los ancianos. Está recomendada para trabajarla en
Secundaria y Bachillerato.
Todas las ideas que surgen de las armas necesitan más armas para seguir habitando en nuestros indefensos cerebros. Ni los unos ni los otros sobrevivirán si piensan que las bombas son semillas. Juan Carlos González
- "Yo soy el último y el más solitario de los humanos, privado de amor y amistad, y muy inferior en esto al más imperfecto de los animales. Sin embargo, incluso yo estoy hecho para entender y sentir la inmortal Belleza! ¡Ay! ¡Diosa! ¡ten piedad de mi dolor y de mi delirio!" (Baudelaire: El loco y la Venus) Juan Manuel López ¡Duchamp, perdona a los galeristas! Juan Carlos González